I. CAMPANA SISTEMATICA PRO ABORTO

                           Padre Jaime Díaz

Cuántas veces he sido confidente del trauma profundo de madres bañadas en lagrimas, abrumadas por el peso enorme de uno o varios abortos, que guardan en secreto, avergonzadas y arrepentidas, alejadas de Dios y de su Iglesia por años, temerosas de confesar su pecado y sin poder acercarse a los sacramentos, perseguidas día y noche por la imaginación de uno o varios niños a quienes llevaron en sus entrañas, pero a quienes les quitaron la vida antes de haber nacido, contradiciendo muchas veces su propia conciencia, bajo presiones y engaños de un padre irresponsable, de familiares, de amigos, de grupos interesados en promover el aborto!

Causas más comunes son: un embarazo no deseado ni esperado, resultado de un adulterio, junto con la vergüenza de aceptar que otros se enteren; la situación económica; el niño concebido es el resultado de un incesto que se quiere ocultar; embarazo prematuro de una jovencita que aún no es capaz de sostenerse, y que ha estado escapándose de casa con su novio adolescente, sin conocimiento de sus padres y aun contra su clara oposición. Aceptar al niño la obligaría a dejar su estudio y a trabajar para ganar el sustento o vivir a costa de sus padres, a quienes este hecho afectaría profundamente. No pudiendo ofrecerle al niño el cuidado que necesita en un hogar estable donde haya padre y madre, prefiere eliminarlo con discreción.

Así el inocente sin voz tiene que pagar con su vida el pecado de quienes lo engendraron irresponsablemente, buscando sólo el placer.

Esto se da dentro de un contexto marcado por una profunda crisis familiar: falta una verdadera familia que eduque a los hijos; por una aguda recesión económica, que afecta todos los sectores de la vida: educación, empleo, vivienda, comida, etc.; por la insensibilidad de muchas autoridades ante las necesidades del niño y de la familia; por una mentalidad hedonista, en que el sexo se ha exacerbado y publicitado como un divertimiento banal, necesario y pasajero, no importa la edad, sin relación con el amor, el compromiso y la generación de la vida. Es el placer sin consecuencias entre personas de diverso o del mismo sexo. Engendrar un hijo está excluido del programa. Se proclama la libertad sexual absoluta y la promiscuidad, ahora estimuladas por la distribución gratuita de anticonceptivos y condones a estudiantes de escuelas públicas. La pornografía ha irrumpido hasta la intimidad de la alcoba por medio del Internet corrompiendo a niños y jóvenes y creando tempranas adicciones que traerán para ellos nefastas consecuencias para su vida personal y familiar. Como resultado crece el número de niños y jóvenes que tienen experiencia sexual prematura y aumentan los embarazos no deseados, con todos los problemas que esto implica. Ante la multiplicación de embarazos no deseados, el aborto se ofrece como la solución.

Hay ciertamente situaciones muy dramáticas que no excusan pero explican la tremenda decisión de un aborto. No es, sin embargo, mi intención hacer juicio de personas, sino ofrecer algunas reflexiones para hacer claridad sobre los valores éticos aquí implicados.

Una verdadera cruzada contra los niños

Estamos frente a una verdadera cruzada internacional sistemática para presionar la legitimación del aborto especialmente en los países de America Latina, liderada y financiada por los Estados Unidos y también por otros países. En 2012  España destinó 7.3  millones de dólares para organizar en capitales latinoamericanas foros con el fin de promover el aborto libre y gratuito.

Se proclaman como fundamentales y universales los engañosamente llamados “derechos reproductivos” de la mujer a través de los organismos de la ONU, de diversas instancias nacionales e internacionales, de partidos políticos, poderosos medios de comunicación, fundaciones y organizaciones de “salud” como la IPPF (Federación Internacional de paternidad planificada), financiada por nuestro Gobierno. Este paquete  incluye el aborto y los anticonceptivos abortivos, como necesarios para la salud preventiva de la mujer, como si el embarazo fuera una enfermedad que hay que prevenir. Y se pretende que todo esto se financie con nuestros impuestos, convirtiéndonos a todos en cómplices del crimen legalizado

 Aquí no se trata del derecho a la “reproducción” responsable,  sino de eliminarla aun por medios criminales. Defender el derecho del niño a  nacer a nacer y a vivir es visto como “discriminación” contra la mujer. Se supone que la madre tiene derechos, pero el niño no.

En su política exterior nuestro Gobierno está exigiendo sistemáticamente a otros países con culturas y valores morales y religiosos muy diferentes, el reconocimiento legal de tales “derechos”, así entendidos, incluyendo dar a las uniones homosexuales el carácter de verdadero “matrimonio”, como un “derecho universal”.

Esta es una condición para formalizar tratados internacionales. Así ejercemos el imperialismo moral y cultural sobre otros pueblos. Queremos “exportar a América”, no sólo extendiendo nuestro comercio, sino también, valernos de nuestra posición, para imponer criterios y valores de orden moral, que van en contra de la vida y de la familia y que son rechazados por gran parte de la población norteamericana.. Todo esto proyecta una imagen muy negativa de nuestro país: muchos nos ven como un influjo maligno, corruptor y aun satánico, que genera rechazo y aun odio, especialmente en ciertas culturas.

Se esta desarrollando toda una batalla política y mediática para “cuidar el lenguaje” sobre el aborto, presentándolo con términos neutros, objetivos, técnicos, que oculten toda connotación moral y la violencia, injusticia y maldad intrínsecas al aborto, tales como “Interrupción del embarazo o de la gestación”.

Todo esto configura un macro proyecto maligno de destrucción de los valores morales fundamentales de la sociedad, especialmente el respeto a la vida humana, y de corrupción de nuestra juventud. Ello implica desconocer la libertad de conciencia y atacar los valores, símbolos e instituciones religiosas, aun por medio de la violencia física, como se ha visto ya en varios países. Se ha inaugurado un nuevo estilo de persecución religiosa que pretende obligar a las iglesias a actuar en  contra de sus principios morales no negociables y a los ciudadanos a financiar con sus impuestos el crimen, convertido en derecho, en contra de su conciencia.

 “La cultura de la muerte se basa en las mismas mentiras que sustentaban la segregación y discriminación racial en Estados Unidos, que llevan a valorar unas vidas y a despreciar otras”, dijo Alveda King, sobrina de M.L., con base en su personal experiencia de haber padecido el racismo y la segregación y después de haber producido dos abortos. Ella añade: “la industria abortista sabe el efecto que tiene el que las personas vean cómo se producen los abortos. Por eso tratan de ocultar la trágica e inhumana realidad del aborto, escondiendo su negocio sin escrúpulos de forma farisea, con un lenguaje mentiroso y manipulador que habla de los derechos humanos y de la salud de la mujer”.

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