APRENDER A MATAR JUGANDO

                                                                      Por Jaime de J. Díaz

El país entero se ha visto profundamente conmovido cada vez que suceden  tragedias de matanzas masivas en escuelas, universidades, teatros, con potentes armas, debidamente autorizadas por la ley, supuestamente para defensa personal. Vuelve sobre el tapete el tema de las armas y  nos preguntamos por qué sucedió esto, por qué hay en manos de particulares armas de guerra que ciertamente no son para matar conejos y qué hacer para prevenir el uso irresponsable de las armas en el futuro.

En una de esas ocasiones, cuando la última tragedia era el tema central de todos los medios, yo también fui victima de un sorpresivo ataque mortal, del que afortunadamente salí ileso. Estaba yo entado disfrutando de un rato de descanso, frente a un lago, orando y contemplando la naturaleza en casa de unos parientes. De pronto entra por un lado un niño de unos 6 años en actitud guerrera,  se me abalanzó con su pistola acuática y me disparó varias veces. Tuve que suspender para irme a secar. Fortuna tuve de que no fuera un arma de verdad. Pero me sentí agredido por un inocente desconocido que, además,  no se excusó, aunque sus padres más tarde lo hicieron por él.

El  hecho suscitó entre vecinos, padres e hijos, una discusión sobre los juguetes bélicos en manos de los niños y sus efectos. De hecho, desde aquel día los pocos niños que decidieron no usarlos fueron excluidos de los juegos de siempre. Quedaron como un grupo de pacifistas ingenuos, fuera de contexto en un país en que los ciudadanos reclaman como sagrado el derecho de estar armados.

Existe una profunda conexión entre los que disparan en serio causando muchas muertes y el inocente juego de los niños con ametralladoras, pistolas, revólveres, tanques de guerra  y toda clase de sofisticadas armas de guerra. Y qué decir de los juegos electrónicos en que la finalidad es pulverizar al enemigo?  Vi por la televisión a una madre que lleva a su hijo de 9 años al club de tiro para que aprenda a disparar. Qué busca esa madre para su hijo?

Nuestros niños aprenden a matar jugando.

Hoy con agua. Mañana con armas y proyectiles de verdad.  Los padres de familia que ponen juguetes bélicos en manos de sus hijos los están entrenando, no para defenderse, sino para atacar. Preparan así a los futuros  criminales. Pero, ni los niños, ni muchos padres, se dan cuenta de la violencia que se esconde detrás de todo esto. Así se alimenta el armamentismo personal y nacional y la ideología de la violencia y se apoya inconscientemente  el gran negocio de las armas, el segundo más grande del mundo, junto con el narcotráfico. Dos industrias de muerte que son hermanas y se apoyan mutuamente.

Estamos abrumados por una cultura de violencia, que es parte de la cultura de la muerte. Hay quienes defienden como inocua la terrible violencia que vemos en la televisión y en el cine. Un día tuve que salirme de un cine porque no resistí  la terrible violencia. Pero en la sala había unos cuantos niños, porque la película se consideraba apropiada para ellos.

Muchos países, cansados de tanto crimen, tratan de desarmar a sus ciudadanos. Aquí, cuando se toca el tema del control de venta y posesión de armas, se escuchan los gritos estridentes de quienes defienden a muerte su derecho a poseer toda clase armas basados en una enmienda constitucional aprobada en otro contexto y para otros tiempos cuando aún no existían las terribles armas de hoy. Las autoridades no se atreven a tomar posición clara sobre esto, pues son muy poderosos los intereses económicos que están detrás y porque además hay muchos millones en juego para impedir los controles que puedan afectar el negocio. Los legisladores favorecidos se ven obligados a  dejar el campo libre el sucio y muy lucrativo negocio de la muerte.

Ciertas medicinas están controladas, para evitar perjuicios a la salud, pero cualquiera puede obtener y usar armas de gran potencia.

En nuestro nombre y con nuestro dinero nuestro Gobierno ha declarado guerras con falsos argumentos, ha ordenado matar, secuestrar, detener y torturar en cualquier parte a quienes considera “sospechosos”. Pero no queremos que se sepa, porque esto afectaría “nuestra seguridad nacional”. Ahora, como gran avance, tenemos muy cerca del Capitolio una sofisticada oficina en que se elabora la “matriz de eliminación”, que es nuestra lista de condenados a muerte en cualquier parte del mundo utilizando nuestros sofisticados aviones no tripulados, llamados “drones”. En la noche ellos arrojarán la bomba sobre el “objetivo” preciso matando a quienes duermen pacíficamente con toda su familia.  Es un nuevo sistema de “guerra” que nos hemos inventado y que puede volverse peligrosamente contra nosotros. Ya se escuchan en Pakistan y Afganistan los gritos de las multitudes: “Paren esta brutalidad!”  Pero, según las noticias, este es un programa a varios años, “como quien corta el césped”. Cuando crezca habrá que cortarlo de nuevo. Así, en vez de ganar amigos, estaremos multiplicando por miles a los que nos odian y rechazan y tendremos que seguir cortando un césped cada vez mas extenso! Por cuántos años?.

Impresiona ver cómo se promueve la violencia guerrera como la forma más alta de patriotismo. Como país, justificamos lo injustificable con el falso argumento de defender nuestros derechos, nuestro estilo de vida y nuestra seguridad. Practicamos la venganza como una exigencia de dignidad, y el aplastamiento del otro como  la única forma digna para garantizar nuestra “victoria”. Consideramos el dialogo como debilidad y el reconocimiento de nuestros errores como una humillación. Preferimos la actitud arrogante del dueño del mundo que no tiene a quien dar cuenta de sus actos. Desperdiciamos billones para “apoyar a nuestros soldados” metiéndolos en un callejón sin salida y para producir nuevas armas y vehículos de guerra, mientras aumentan los pobres y nos faltan recursos para la vida en el país más prospero del mundo. Ya se oyen resonar los tambores de una nueva guerra basada en presunciones, pero sin evidencias, como hicimos con Irak. . Nos hemos convertido en el país más bélico y peligroso del planeta, con el mayor arsenal de toda clase de armas,  prohibidas para otros, pero no para nosotros.

Así la familia, el Estado, los políticos  y  el negocio  se unen de hecho para promover y financiar la violencia entre personas y también entre países, comenzando con educar a los niños para el uso de las armas.. Nuestro planeta, maltratado y abusado,  es también la victima silenciosa de  nuestra barbarie.

Mientras unos nos empujan irresponsablemente a continuar el armamentismo y la guerra, otros proclamamos la paz y la no violencia. Seguimos creyendo, con base en respetables experiencias históricas, que las armas no son las que construyen la paz. Que la paz no armada es más barata, más efectiva, más profunda y más duradera, aunque también más exigente, porque pide un cambio interior. Esa paz es posible, si nos unimos para buscarla.  Ello nos exige a todos buscar primero la paz personal y familiar para poder ser mensajeros de paz. Urge eliminar de las manos de la niñez y la juventud los juegos guerreros. 30/10/2012. Educar para la tolerancia y la convivencia entre quienes pensamos diferente es una tarea urgente, si queremos vivir en paz.

 Ojala el doloroso mensaje de nuestras repetidas matanzas nos lleve por fin a rectificar nuestros caminos.

Anuncios
Categorías: Fr. Jaime Díaz, Opiniones | Deja un comentario

Navegador de artículos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: